La explotación minera debe guardar armonía con la preservación de nuestro medio ambiente. Podemos y debemos explotar nuestra riqueza minera, con el debido control y mediante contratos transparentes. Esas riquezas no renovables deben servir para un desarrollo sano del país.

Al mismo tiempo, los lugares en donde se desarrolla la explotación minera, sus pobladores deben ser compensados en términos de beneficios económicos y sociales. Y la tierra debe ser reforestada prestando atención al daño que producen los elementos contaminantes que se emplean en la explotación minera, sulfuro, lluvia ácida, etc.

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